BARCELONA MUERE DE ÉXITO

(imagen diario Diagonal)

Una larga tradición en promoción de la ciudad.

La ciudad de Barcelona tiene una larga tradición ya desde el s. XIX en estrategias para promocionar su ciudad, incluso en 1908 se fundó la Sociedad de Atracción de Forasteros para promover turísticamente sus veleidades. Se decía que los barceloneses tenían una irrefrenable afición por la música ya que muchos formaban parte del orfeón o la coral de su barriada. Actualmente Barcelona alberga a millón y medio de habitantes, tres con el área metropolitana y recibe a 30 millones de turistas al año.

Transportes y conexiones internacionales.

La semana pasada leíamos que el aeropuerto de Barcelona registró en 2016 32,2 millones de pasajeros internacionales, superando a los aeropuertos de New York y Tokio. Y gracias a los cruceristas cuyo 78% arriba en avión, se han incrementado las conexiones internacionales. También el impacto acústico y ambiental afecta negativamente a la ciudad de Barcelona y sobretodo a las poblaciones cercanas al aeropuerto.  así como al importante ecosistema del río Llobregat.

El puerto de la ciudad.

El puerto de Barcelona, se mantiene como el primer puerto de cruceros de Europa y el cuarto a nivel mundial, detrás de puertos americanos como Miami o Fort Lauderdale. Cada año arriban unos 600 cruceros y  2,7 millones de visitantes. Hace un año, el representante de ABAT, la Asamblea de Barrios por un Turismo Sostenible, Daniel Pardo, decía sobre un informe realizado por la UB y otros, que los estudios económicos no tienen en cuenta el impacto real de los cruceros porque no analizan problemas como la contaminación, la fiscalidad o la movilidad, seria amenaza para la salud pública por las emisiones contaminantes y los residuos que generan. La contaminación atmosférica de los cruceros se extiende a 400 km de Barcelona, es decir, hasta los Pirineos, Aragón y Comunidad Valenciana.

El síndrome del parque temático.

Dícese de aquellas ciudades que sufren transtornos por su éxito turístico y que corren el peligro de descuidar su carácter y sucumbir a la presencia masiva del visitante: espacios emblemáticos convertidos en packs turísticos con precios desorbitados, edificios transformados en hoteles de lujo, pisos privados en apartamentos turísticos, el metro cuadrado a precios impagables o el espacio público vendido a instituciones privadas. Y un aspecto que los turistas echan en falta en muchos lugares es la pérdida de la actividad natural de la población residente. Ámsterdam ha dicho basta y pide un ‘por favor no nos visiten tanto’.


El turismo es peor para el patrimonio que las guerras

Hay 30 sitios de los 800 que forman la lista de Patrimonio cultural de la humanidad, cuyos estudios que realiza la UNESCO concluyen que los factores que más perjudican a los sitios patrimoniales son la mala gestión institucional relacionada con el desarrollo urbano descontrolado, las intervenciones y el uso inadecuado como la sobreexplotación turística.

Las tasas e inversiones.

La tasa turística retorna a la ciudadanía en forma de inversiones. El Ajuntament de Barcelona va a dedicar los primeros beneficios de este impuesto a mejorar el espacio público que altera el turismo como la font màgica y otros lugares de gran afluencia, así como realizar mejoras en la accesibilidad en los museos.

Los barrios caramelo.

Como dicen en algunos barrios de la ciudad “somos un caramelo que el turismo ya ha empezado a lamer”. En muchos barrios barceloneses se contempla al turismo como una amenaza que puede cambiar su realidad social y económica, como sucede en el Poblenou, con su aire de pueblo y la playa al lado, el entorno del Turó de la Rovira, el mejor mirador de la ciudad o el Camp de l’Arpa, cercano al hospital de Sant Pau y la Sagrada Família con cada vez más pisos turísticos. ¿Se podría hablar de pérdida de identidad patrimonial, de identidad ciudadana? ¿Se podría hablar de la gentrificación del local por el turismo?

Yo leo muchas contradicciones.

Me parece que aquí a nadie le interesa mover nada mientras la gallina de los huevos de oro siga dando sus frutos. Pero los huevos se acaban. Pan para hoy y hambre para mañana, así lo comentaba hace algún tiempo en este artículo del 2013  y en 2014 sobre la afectación del turismo en la cultura y en la ciudad. Y seguimos.

Y la ciudad está muy mal. Y su cultura también.

(imagen ElPais)

Si cultura es expresión, lenguaje, identidad, diversidad y patrimonio, la cultura en Barcelona está fatal, pierde fuelle y personalidad, y se deja embriagar por esos números tan elevados, como incrementar en cuánto y no en cómo visitantes, cifras que comportan beneficios pero también muchos riesgos.

Nos quejábamos de la desafección de la cultura, del desinterés de muchos ciudadanos hacia nuestro sector, de una distancia impuesta y de estar lejos de esa panacea que era reconocer a la cultura como un derecho fundamental más. ¿Y quizás no sería ésta una ocasión adecuada para que la Cultura reaccionara e hiciera presión para encontrar soluciones y apostar por una ciudad sostenible en turismo y consecuentemente en cultura? ¿No se sentiría el ciudadano más apoyado y por tanto más dado a compartir sensibilidades, así como otros sectores también afectados que podrían considerar a la cultura como instrumento imprescindible de mejora en su calidad de vida?

Barcelona muere de éxito, sí.
Barcelona muere también con su cultura. Y ésta nos guste o no es una oportunidad.

Hay que reaccionar, y hay poco tiempo.

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