ALGUNOS APUNTES SOBRE INDICADORES CULTURALES, ESOS ‘MONSTRUOS S.A.’

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A muchos gestores se nos ponen los pelos de punta cuando terminamos una actividad y llega el temido momento de la verdad, ese tiempo dedicado a valorar cómo funcionó nuestra propuesta, a evaluar la continuidad de una actividad o rellenar con datos una justificación de ayuda económica: nos topamos con los malditos indicadores, esos parámetros, numéricos, en su mayoría, que nos suenan a lata, pero de los que casi nunca nos podemos librar, como las pesadillas recurrentes, algó así como con los Monstruos S.A..

Armándome de valor asistí a un taller sobre Indicadores Culturales conducido por Jaume Colomer, una de los mejores especialistas en análisis de públicos, planificación en artes escénicas y otras rarezas, para ponerme al día, aprender más e intentar aplicar esos conocimientos a proyectos que están en camino. Gracias a sus exposiciones, a mis compañeros de taller, técnicos municipales de cultura, y al intercambio de experiencias y reflexiones, pude hacerme una idea mucho más amplia y práctica del tema… !Y la verdad es que al final resultó muy interesante!

Es por eso que me gustaría compartir algunos puntos de reflexión, propuestas e ideas que fueron surgiendo a lo largo de esos días y que también, como nos pasó a nosotros, puedan aclarar e incluso mejorar el conocimiento que tenemos sobre la evaluación de un proyecto cultural y hacerlo menos farragoso:

Los beneficios de la evaluación.

La importancia de los indicadores consiste en que con un análisis inicialmente objetivo, podemos valorar propuestas que responden a la aplicación de las políticas culturales del organismo correspondiente, y disponer de elementos que, con contenido contrastado, justifiquen las acciones que se tengan que realizar, sea la continuidad de algunos proyectos, su adecuación o su desaparición. La evaluación permite dar cuentas a la dirección estratégica para que continúe apoyando el proyecto.

La realidad.

Muchos de los gestores que trabajan diariamente en Cultura carecen de tiempo para evaluar los proyectos culturales; se justifican alegando esa falta de tiempo – que muchas veces es cierta -, que se trabaja a destajo, que muchos se ejecutan por inercia, que no se les exige evaluación, o que no ven su utilidad. Pero la fase más importante de un proyecto cultural es su fase de reflexión, es la fase en la que se concibe su razón de ser, por lo que los resultados alcanzados son fundamentales para saber si en lo que se está trabajando tiene sentido. Si fuéramos conscientes de ese potencial, nos daríamos cuenta de que evaluar es nuestro salvoconducto delante de nuestros jefes, políticos, empresas u organismos que conceden ayudas para continuar con nuestras propuestas o desecharlas. Por lo que sacar tiempo es fundamental. Y hacer rutina, también.

La arquitectura de la planificación.

Para evaluar primero has de definir qué quieres evaluar. Es sin duda la fase de mayor inversión de tiempo y es necesario reflexionar y discriminar lo máximo. Es muy importante pactar los objetivos e indicadores con todos aquellos que participarán del proceso, incluidos los políticos. Después será necesario definir los objetivos de tipo estratégico y operativos, ser precisos y escoger la sintaxis adecuada, objetivos breves y claros. Una vez definidos los objetivos, hay que pasar a decidir los indicadores que han de ser pocos y precisos, e incluso si se puede, realizar un brainstorming previo para decidir los indicadores más adecuados. Ser variado con los indicadores, es decir, aplicar diferentes tipos de indicadores en un objetivo, según la naturaleza de la información (cuantitativos, más objetivos, o cualitativos, de mayor riqueza informativa) y según el objeto de evaluación (de eficacia, eficiencia, participación, satisfacción o impacto) e intentar que sean escalables, por ejemplo del 1 al 5 porque así dan resultados más matizados. Por último, evaluar y medir el índice global de cumplimiento.

El sistema de planificación.

La tendencia de los últimos años aquí ha sido utilizar el sistema táctico, es decir, el marketing de intervención, de estilo anglosajón que consiste en escoger todos los elementos a partir de los resultados que queremos obtener, es decir partir de los resultados para marcar los objetivos. Según mi opinión, quizás no en éstos casos, pero en otros con un mayor proceso participativo, se podría producir una cierta manipulación e incluso falsedad de todo ese discurso conjunto.

Saber trabajar por objetivos.

Básico, si no sabemos qué queremos y hacia dónde vamos, nunca vamos a saber qué hacemos. Todo proyecto cultural debe ser descrito desde su origen con objetivos reales, alcanzables, medibles y realizables. Todo objetivo debe ser conciso, claro y explicado con pocas palabras para que cualquiera lo pueda entender.

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Algunos consejos básicos para hacer un buen uso de los indicadores.

A. Es necesario trabajar por objetivos.
B. Es necesario también usar indicadores cualitativos, dan más riqueza informativa.
C. Trabajar por objetivos estratégicos (de medio y largo plazo) y por objetivos operativos (de corto plazo), son ésos los medibles.
D.Combinar el método del diagrama de Ishikawa o de Pez ayuda ya que se ven muy bien reflejadas gráficamente las oportunidades de mejora, el valor de ordenación y visualizar toda su dimensión.

El lenguaje.

Hay que cuidar y ser preciso en el lenguaje. Si los objetivos parten con verbos infinitivos, ¿Qué significará consolidar? ¿O arrancar? ¿Qué diferencias hay entre participación e involucración? Si defines un objetivo con ‘consolidar una actividad’, cuándo está consolidada, de aquí a un año, dos o hay algo que lo indique con más precisión? ¿Y la participación en cuanto a número de asistentes es lo mismo que la implicación?  Nos explicaron un ejemplo muy gráfico para entender las diferencias y las sutilezas de algunas palabras:

“ En un desayuno inglés con huevo y bacon, la gallina ha participado pero el cerdo se ha involucrado, cierto?”😉

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La importancia de la narrativa del impacto en Cultura y su significado.

La narrativa del impacto es la validación del valor público y la legitimación de la acción institucional pública en la sociedad. ¿Es posible que en Cultura hayamos fallado en la narrativa, que no hayamos sabido transmitir ese impacto mostrando resultados claros de acción-reacción y precisamente ese error explique la pérdida de valor social de la Cultura? Lo más probable es (mucho me temo) que sí.

Lo subjetivo y lo estimativo.

Es muy interesante ser conscientes del resultado subjetivo de todo estudio, ya que según el método utilizado, el resultado puede ser diferente, como diferentes pueden ser también los resultados de un mismo método ya que se pueden aplicar diferentes objetivos, o valorar los resultados de distinto modo ya que los mismos son interpretables. Toda elección de método, objetivos y  tipo de evaluación, siempre responden a un tipo de ideología determinada. Como también puede suceder en otra circunstancia, como es cuando se utiliza un protocolo homogéneo para realidades o territorios distintos, lo que resulta paradójico. Por tanto se ha de tener claro que toda valoración es estimativa.

Otros indicadores de interés.

Últimamente se habla mucho de los parámetros que se suelen usar en el sector deportivo, como la tasa de práctica y retención de la actividad deportiva en los centros deportivos, o sobre indicadores para evaluar el impacto social de un proyecto. De ambos sectores se pueden obtener informaciones cruciales que visto de otro modo, podrían variar e incluso incrementar ciertos valores favorables para la Cultura y su beneficio social y personal.

Un ejemplo y anécdota: Encontré este estudio sobre el impacto social en Cuba de el Proyecto de Ligas Deportivas Comunitarias. Se habla de evaluar conjuntamente la dimensión corporal y de salud, la dimensión social y la dimensión recreativa o de ocio como parámetros de tipo social. Es decir, además de estos criterios, la aceptación de las actividades del proyecto, la satisfacción en las relaciones interpersonales, la participación y el apoyo organizacional, sustentarían el proceso de integración social, por lo que se podrá evaluar el impacto desde las dimensiones psicológica y social.

Recordemos que los impactos más profundos de la cultura no son de tipo económico, son otros, como su contribución a mejorar el bienestar y propiciar un ambiente de mayor respeto a la diversidad, tal y como indicó en su momento el mexicano Alfonso Castellanos.

Y para terminar, estaría bien reconocer quiénes somos y qué queremos y hacia dónde vamos, evaluar con regularidad para valorar el proyecto, ver su viabilidad, continuidad y sentido en un catálogo de servicios, tal y como nos recordó Rafa Milan, responsable municipal de Cultura de El Prat de Llobregat. Sí, la cultura es muy compleja, pero definir y crear sistemas de medición hará que se puedan poner cifras, materializar la ‘inmaterialidad de la cultura’ y hacerla más comprensible con datos, datos que, nos gusten o no, nos harán más entendibles y cercanos al idioma de nuestra sociedad. Midamos y evaluemos los proyectos, contribuiremos a dignificar un poquito más la Cultura.

 

Algunas lecturas referentes recomendadas:

“Evaluación de proyectos”, Álvarez Mena, Diputació de Barcelona.
“Diseño y evaluación de proyectos culturales”, de David Rosselló, Ed. Ariel.
“Indicadores del sector cultural: una mirada al modelo del Observatorio de Quèbec”, en Kulturaren Euskal
Y, evidentemente, algún artículo de Jaume Colomer o Javier Brun.

Un Comentario

  1. Hola Carme, em sembla un excel.lent reportatge. Moltes gràcies per l’esforç de difusió d’un tema tan poc “estimat” pels gestors culturals com l’avaluació.

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