LA RSC, MATERIAL ALTAMENTE INFLAMABLE

RSC ElgiBrazil
©Elgi Brazil

Según la Organización Internacional del Trabajo, la OIT, la Responsabilidad Social Corporativa (de ahora en adelante RSC) se define como el conjunto de acciones de carácter voluntario que toman en consideración las empresas para que sus actividades tengan repercusiones positivas sobre la sociedad y que afirman los principios y valores por los que se rigen, tanto en sus propios métodos y procesos internos como en su relación con los demás actores.

De un tiempo a esta parte se ha incrementado el interés y la necesidad de la RSC como filosofía de empresa en muchas organizaciones privadas y públicas. El ‘Libro Verde de la Comisión Europea para fomentar un marco europeo para la responsabilidad social de las empresas’ ha servido de referencia, por ejemplo a la Generalitat en Catalunya, para promover la responsabilidad social en las organizaciones, concienciar para contribuir a dar un mayor valor social y sostenibilidad de las empresas con la sociedad, al mismo tiempo que les permite generar marca, prestigio y retorno de la inversión, es decir, ser una organización sostenible y sensible con su entorno territorial y generadora de engagement*.

Iniciativas de tipo social como la conciliación laboral y familiar, la igualdad de oportunidades, la integración en la comunidad, la transparencia, las condiciones laborales, acciones de tipo económico como sistemas de gestión responsables, uso de recursos sociales o de tipo mediambiental como la implantación de procesos sostenibles, son las sugerencias más frecuentes de lo que es la RSC en las empresas y organizaciones. Y como esos cambios son permeables, también han afectado al sector cultural, propiciando tímidas modificaciones en la filosofía de muchas organizaciones culturales, unos cambios que también van siendo posibles debido a la crisis social y del sector que por un lado obliga a las organizaciones a generar una confianza ciudadana que se ha perdido (por lo tanto afecta a la legitimidad de sus contenidos y a la afluencia de público en sus espacios) y por el otro, a una demanda ciudadana que exige procesos y decisiones claras de las instituciones y de retorno social. Iniciativas como la aplicación de indicadores de retorno social como el SROI, o la ya presente ‘Ley de transparencia’ obligarán a regular y normalizar unos procesos que aunque de complicada implantación en sus inicios, se espera que sirvan para reflejar ese esfuerzo y riqueza social que es la cultura para la sociedad.

Hace pocos años que algunas organizaciones ya han empezado a echar a andar en ese sentido, en ofrecer y aplicar medidas e indicadores que justifiquen que la riqueza cultural que generan sus instituciones son sostenibles y beneficiosas para su territorio y su ciudadanía. Pero a menudo esos intentos de transparencia, medidas y normativas han sido más un gesto que una voluntad firme de cambiar maneras de hacer y de relacionarse con el territorio, más un maquillaje superfluo que ganas de presentar los proyectos como beneficiosos y de repercusión positiva para la riqueza cultural del territorio. ¿Existe realmente la voluntad de hacer cambios? ¿Se entiende que es necesario cambiar y que se ha de introducir en el adn de la organización? ¿Y se sabe realmente para qué sirve la RSC?

Algo de lo que se hace en nombre de la RSC.

– La igualdad de oportunidades y el acceso a la cultura. Dirigirse a colectivos sensibles puntualmente y no fomentar la frecuencia, el trabajo y el interés constante a lo largo de todo el ejercicio, lo que exige un proyecto especial con personas con necesidades específicas para crear hábitos e interés mutuo. Ejemplo: a veces el simple hecho de disponer en una actividad de lenguaje de signos o un taller de Alzeimer ya da para justificar que se practica la inclusión de colectivos.

– Uso de recursos sociales. Subcontratar a empresas de colectivos sensibles para realizar servicios logíticos, distribuciones de materiales promocionales o de atención al usuario. Es bueno, claro, pero la obligación de la institución debería ser asegurarse del correcto cumplimiento de la empresa con las condiciones de los colectivos implicados. Ejemplo: el Ajuntament de Barcelona subcontrata a personas con discapacidad en algún párking público, paga a la empresa (especializada!) a 20 euros la hora y el trabajador recibe 5 euros, trabajando festivos y nocturnos incluidos.

– La gestión de las personas y la calidad de las condiciones laborales. Otro tipo de subcontrataciones de grandes instituciones a empresas culturales de algunos servicios museísticos en condiciones precarias. (léase artículo de Elena Vozmediano).

– Ahorro energético, sostenibilidad en la gestión del capital. ¿Se es responsable en la elección de las fuentes de financiación? El ingreso por el ingreso, o cuando se eligen patrocinadores como La Caixa o Catalunya Banc con empresas de fuerte riesgo medioambiental que participan de Repsol acusada de contaminar el río Pastaza, en la Amazonia peruana y de atentar contra los derechos de la población quitxua de la zona, o de llenar de productos bancarios tóxicos a un % elevado de la población de nuestro territorio.

– Transparencia en las gestiones y en los datos. Se difunden procesos de selección de personal en circuitos cerrados o en épocas vacacionales, o se muestran presupuestos de un modo excesivamente genérico sin entrar en conceptos que ayudarían a una mayor comprensión de la situación financiera, o no se exponen en la web, la poca claridad y la opacidad de muchas gestiones, un sinsentido en muchas instituciones que están obligadas a facilitar esos datos públicos.

– Custodia del territorio y beneficio medioambiental. El cierre de un recinto público abierto y masificado como el Park Güell en nombre de la preservación patrimonial de su contenido, un patrimonio que ahora a precio de entrada, largas colas y aparentemente un mejor control de acceso, sólo ha mejorado los ingresos económicos del monumento (o de la municipalidad) pero que no repercute – aún- en proteger y conservar la escalinata monumental y el dragón, símbolo icónico de la ciudad, que continúa sufriendo día a día el mismo acoso del turismo.

Algunas conclusiones.

Esto es sólo alguna pequeña muestra de lo que ocurre diariamente, y aunque no ponga en duda la buena intención de fomentar buenas actitudes, se potencian de otras negativas, al estilo efecto mariposa, pero que aquí responde más bien a la irresponsabilidad de no haber realizado una buena gestión, que consiste principalmente en establecer un plan estratégico en RSC en la organización, teniendo en cuenta que cualquier decisión que se tome repercute sobre el conjunto de todas, y que lo que sume por un lado, no reste por el otro. Vivimos en una sociedad muy compleja, con mecanismos de gestión y control todavía muy imperfectos, pero también venimos observando cada vez más propuestas empresariales y de gestión diferentes, innovadoras y de positiva repercusión social, como las cooperativas de consumo sostenible, en energías renovables por ejemplo (Somenergia), o bancas éticas (Triodos Bank), o fundaciones con un alto nivel de RSC (Fundació Cassià Just), hablamos de alternativas y realidades al alcance de todos los presupuestos.

¿Y todo esto para qué? Pues porque sí es posible trasladar la idea del consumo responsable en el sector cultural, hacer productos culturales sostenibles y de calidad es posible, demos certificaciones tipo ISO de calidad y veamos cómo así también contribuimos a limpiar y mejorar la calidad cultural y la ética social de nuestro territorio, y de nuestra institución, el usuario y el consumidor como termómetros de la tendencia de consumo, si nos quieren consumidores, pues hagamos de la selección natural la ley de la competencia!

La RSC es una filosofía de empresa que exige de esfuerzo y de compromiso, que necesita de la involucración de cada uno de los miembros de la organización cultural, porque no es un disfraz de quita y pon, es una manera de ir por casa, es el reflejo de lo que realmente somos y el ciudadano es inteligente y sabe cuándo están trabajando para su bienestar, y también cuándo no… La RSC, material altamente inflamable, y sensible!

Más información:
Aspectos básicos de la RSC (en català)
La sociedad del futuro y la cultura ética
Del contrato social a la privatización de los bienes culturales
De la responsabilidad social en los museos
Ejemplo reciente: Memoria RSC del Museu Marítim

  1. Pingback: #JOCONFESSO: REFLEXIONS DISPERSES D’UNA GESTORA (CULTURAL) QUALSEVOL | CARMΣMIX l'estraperlista

  2. Teresa Soldevila

    Felicitats Carme! Magnífico artículo. Pones los puntos sobre las íes. Por suerte, en la actualidad es muy conocida la RSC y se ha extendido en buena medida, pero aún falta mucho para que realmente esté incorporada dentro de la filosofía de las organizaciones. Desgraciadamente, cómo bien señalas, las acciones están maquilladas y queda mucho por hacer. Con la transparencia muchos de los puntos inflamables que comentas podrían apagarse y demostrar que realmente se es socialmente responsable, no solo con los procesos de selección como señalas, sino también siendo claro con los números: presupuestos, de dónde proceden, cómo se gastan, publicar la memoria de rsc, … . El recorrido es largo, y es necesario que los ciudadanos exijamos que las organizaciones incorporen en su filosofía la rsc y que se cumplan los valores que defienden. Este es otro de los temas que creo que se tendría que tener en cuenta, que los ciudadanos debemos presionar para que el material inflamable que comentas no estalle, y acaben camuflándose en nombre de la RSC situaciones graves como la de las condiciones laborables más que precarias a través de las subcontrataciones. Me ha encantado tu artículo, creo que es un tema que debemos reflexionar y exigir que se cumplan los parámetros para que sea una buena herramienta de mejora social.

    • Gràcies, Teresa!
      Sí, la clave está en incorporar la RSC como filosofía de empresa porque es una manera de hacer que afecta a todos los ámbitos de la organización, es transmisión de valores de responsabilidad, solidaridad, empatía social, contribución social, concienciación de pertenencia a un contexto social… Por eso es tan peligroso no actuar con cuidado o de un modo irresponsable. Y como observación final, defiendo el concepto de CONSUMO RESPONSABLE en CULTURA como una actitud del usuario/ciudadano en su oferta cultural, para mí una selección natural competitiva absolutamente necesaria para que la Cultura responda a ese algo más que se le exige desde la propia sociedad civil.

  3. Parece que se usa la RSC para enmascarar la ISC, es decir, la Irresponsabilidad Social Corporativa.

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