#MexicoUnplugged: EL DF, UNA CIUDAD ALTAMENTE ADICTIVA (1/3)

Despúes de un primer post sobre México a modo de introducción y primeras impresiones para situarnos en contexto, empecemos pues a meter carne en el asador y a recomendar espacios, actividades y vivencias imperdibles de este intenso y contradictorio territorio mex. Y nada mejor que comenzar por el DF, una ciudad exuberante, alucinante y altamente adictiva!

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El centro histórico del DF, by ©OperacionMexico.net

APUNTES CHILANGOS.

Despertarse en la gran y mítica Tenochtitlán, la antigua capital azteca erigida sobre zona lacustre, cuyos espléndidos canales, edificios y jardines recibieron a las ordas mezquinas de Hernán Cortés antes de ser derribada y deconstruida, fue, es y sigue siendo una gran aventura. Hoy el Distrito Federal o Ciudad de México es una inmensa urbe, una de las cuatro ciudades más grandes y pobladas del mundo, con casi 20 millones de habitantes y un diámetro de norte a sur de unos 90 kilómetros (datos de un taxista capitolino), sesgada por grandes avenidas, como Insurgentes, la avenida más larga del mundo, de casi 30 km de largo, espectaculares autopistas (aunque para ellos y sus dimensiones no lo sean), incluso con un segundo piso de peaje elevado que pocas veces te permiten ahorrar en horas de tráfico (el tráfico del DF es histórico, un promedio de 2 horas para cruzar la ciudad y la santa paciencia como terapia). Esta gran ciudad se divide en barrios, colonias o delegaciones que corresponden muchas de ellas a las poblaciones que poco a poco fueron creciendo y juntándose hasta formar lo que es el actual DF. No hay mejor manera para situarse en la ciudad que tomar un taxi y ‘respirar’ ese caos que se cuece diariamente en esta urbs hecha a pedacitos, con características muy heterogéneas, como en Coyoacán en el sur, una zona residencial repleta de zona verde y espacio, casas de pueblo acondicionadas, llena de galerías de arte y de bohemia de la cara, o cerca de Circunvalación, su opuesto en el barrio de La Merced, cuyas calles llenas de ruido y gente te preparan para visitar su gran tianguis o mercado de fruta y verdura (y pescado, y carne, y calor, estrecheces, alimentos extraños para nuestros paladares como el nopal, un cactus que se pela y se usa como verdura de acompañamiento en ensaladas, sopas y variados platos, o el epazote, una especia aromática autóctona, o cuero de cerdo en escabeche) o el Mercado de Sonora, que cae justo al otro lado, un lugar donde los locales acuden a comprar talismanes, remedios de hierbas, bálsamos o a hacerse limpias, es decir, limpiezas de malas vibraciones, un rincón bastante peculiar y de visita recomendada. O en Zócalo, el centro histórico de la ciudad, la zona donde se ubican una parte de los edificios gubernamentales y palacios históricos, y en cuyas cuadras o islas de casas puedes perderte y gozar de la variopinta mezcla social y gremial: puedes estar paseando por una preciosa y turística avenida peatonal como Madero y a dos calles sentirte como si estuvieras en un pequeño Bronx, con persianas a medio abrir, aceras poco cuidadas, talleres de coches y ruido y caos callejero, o contemplar cómo algunas de esas cuadras se distribuyen por especialidades, donde se vende iluminación, material escolar o electrónica.

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Puesto y piedras sanadoras en el Mercado de Sonora y manifestación estudiantil cerca de Zócalo ©carmemix

Pero la aventura del DF también te prepara para otro tipo de experiencias más ‘extremas’, los seísmos, un acontecimiento que, dicen, se repite aproximadamente cada tres meses y que provoca la inclinación de edificios (el centro histórico está lleno de iglesias, condominios, edificios públicos cuya curvatura inclinada impresiona), el agrietamiento de muros, asfalto y aceras, incidencias en los servicios de metro y metrobús, simulacros frecuentes en los puestos de trabajo y todo lo que os podáis imaginar en situaciones parecidas; mi segundo día en el DF y en pleno jetlag lo viví amaneciendo con un seísmo de escala 6,7 y os digo que no es broma ver temblar un edificio desde una cuarta planta, sin tener ni idea de qué hacer en esos casos (no tuve tiempo!), así como presenciar en directo todo el mecanismo que se pone en marcha, las sirenas, los helicópteros sobrevolando la ciudad y tú ahí, en medio, sin capacidad de reacción porque todavía no sabes qué carajo ha sucedido! Eso sí, luego les explicas tu aventura y te miran de arriba a abajo haciéndote sentir una principiante en temblores, réplicas y otros movimientos sísmicos. Existen distintas apps como Alerta Sísmica DF o Urban 360 que alertan entre 30 y 60 segundos antes de que suceda el temblor, lo justo (y previsible) para prepararte y evitar algo peor.

Qué sería del DF sin el chilango, el gentilicio y el idioma por antonomasia de los de la capital, sin cuyo chido (guay), agua! (cuidado), cabrón (persona hábil) o chingón (persona difícil) no vas a ninguna parte (al menos sin el diccionario encima) y cuya impostura muestran con orgullo y pisando fuerte, también cuando visitan otros territorios mexicanos… Bueno, es simpático observar esas actitudes desde los ojos de personas de otros estados, coinciden en opinar sobre el estilo un poco sabido de los de la capital, aunque yo me divertía mucho porque no paraban de criticarlos (a veces eran muy exagerados, sí), es lo que tendrá ser capitalino, un fenómeno muy común en todo el mundo! Y para introducirse un poco en ese ecosistema cultural de este gran gigante con patas, recomiendo dejarse seducir por las páginas de la revista Chilango, el magazine mensual por antonomasia de todo buen practicante de chilangadas que saben divertir, con reportajes bastante auténticos sobre el ser chilango, o el clásico TimeOut México, la agenda perfecta para seguir de cerca algunos de los acontecimientos más destacados de ese enjambre cultural que es la ciudad.

Ciudad de México también es una ciudad gris, caótica, agresiva, de fuertes contrates, calurosa, colorista, seductora, apasionante, enérgica, llena de rincones escondidos, donde suceden diariamente centenares de actividades artísticas y culturales, oficiales, subversivas, activas o pasivas, donde cada espacio es un microcosmos de vida intensa y urbana, una ciudad tan extrema que es casi imposible que te deje indiferente. DF es ésto y mucho más, tanto que a mí todavía me falta descubrir casi todo de ese mucho que lo es todo!

 

CITAS IMPERDIBLES.

El DF es inmenso, pero existe una buena red de transporte público para moverse en forma de buses, metrobuses y más de 11 líneas de metro que cruzan la ciudad en todas sus direcciones, un servicio muy eficiente y cuya tarjeta de recarga te permite realizar viajes combinados a muy buenos precios (aquí en Barcelona deberíamos tomar buena nota, una tarjeta que se recarga, material reciclado, ahorro energético y eficiencia para el usuario). En las horas de mayor afluencia, las mujeres disponen de los dos primeros vagones ‘sólo para mujeres’, una medida que se tuvo que adoptar por las quejas recibidas, y en lugar de fomentar una sana convivencia hombres-mujeres y de sancionar las conductas antisociales, tal y como argumentaba con razón un buen amigo mío. El metro ilustra sus paradas con imágenes prehispánicas, una interesante manera de introducirse en la simbología mexica mientras te mueves, aunque en realidad responde al alto grado de analfabetismo que había en el DF de los 60, decidiendo ilustrar las estaciones para evitar que la clase trabajadora, la usuaria principal, se perdiera.

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Murales ‘La epopeya del pueblo mexicano’ de Diego Rivera en el Palacio Nacional, by ©carmemix

EL MURALISMO.

El DF es uno de los mejores lugares para disfrutar del Muralismo, un movimiento artístico que se inició en México a principios del siglo XX a partir de la revolución mexicana, y cuyo alto contenido social llenó de ideas, colores e historia ilustrada miles de metros cuadrados de muchos edificios públicos. Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros fueron sus mayores representantes. El muralismo parte de una concepción en la que se reivindica la historia propia del pueblo indígena, el de antes de la Conquista, como parte indispensable de la historia del nuevo México, adoptando estilos y formas propias de pueblos mayas y aztecas. El concepto de mural entronca con el arte propio de estos pueblos, con la idea del compromiso social del artista con la sociedad en la que vive y con una profunda voluntad de dotar de utilidad pública a la obra artística.

Murales de Diego Rivera. Autor comprometido con la ideología revolucionaria y artista favorito de alguno de los primeros gobiernos del nuevo Estado constitucional, Rivera se caracterizó por la gran riqueza cromática de su obra, elogiando al pueblo y su historia anónima y criticando los valores del capitalismo industrial. El DF posee la mayor y mejor concentración de obra de este artista universal, por lo que las opciones son muchas y todas imprescindibles. El primer lugar que nadie debería perderse son los más de 1.600 metros cuadrados de murales en el Palacio Nacional, un encargo de los años 30 que recibió del ministro de Educación Pública, José Vasconcelos, en los que narra la epopeya del pueblo mexicano, desde la mística precolombina, la conquista, las luchas contra los distintos opresores hasta un futuro en construcción, con la figuras de Marx, Engels, Zapata, Juárez, la intervención norteamerica, francesa, la Reforma liberal, la lucha por la Independencia y la Revolución mexicana, una narración visual de la historia del México de los últimos 500 años en formato mural que se prolonga a lo largo de varias paredes, cual metraje de un gran film épico. Apabulla, para llorar de emoción. Estuve tres veces y en cada una de esas visitas, y a pesar de las molestas medidas de seguridad, enseñar pasaporte y control de enseres para entrar en el actual edificio del presidente de la República, no pude evitar detenerme en cada ángulo para contemplar de cerca los intensos colores, el trazo, los detalles, la caracterización al milímetro de cada personaje, la magia de un gran cuento pictórico único, espectacular e inclasificable, y en cada ida añadía un detalle más no visto y salía igual, con el corazón encogido de tanta belleza! En Alameda se encuentra el Museo Mural Diego Rivera donde se expone el gran mural ‘Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central’, una obra que tuvo que ser trasladada del Hotel del Prado a su actual ubicación desde el terrible terremoto del 85. Destaca su protagonista principal, la Catrina del brazo de su creador, José Guadalupe Posada, actual imagen omnipresente en mucha de la artesanía popular que se manufactura en este país, y que simboliza a la muerte. Otro lugar imprescindible, el Palacio de Bellas Artes, un exquisito edificio y actual teatro lírico, obra del arquitecto Federico E. Mariscal, de influencia art nouveau y art decó, declarado monumento artístico, y que alberga el mural que Rivera realizó originalmente para el Centro Rockefeller en Nueva York, el cual se mandó destruir por considerarlo excesivamente revolucionario, y que el artista volvió a pintar aquí bajo el título ‘El hombre controlador del universo’ . En el otro lado del piso superior del hall de entrada, se expone el mural Katharsis obra de José Clemente Orozco, en forma de alegoría sobre la guerra y que denuncia los peligros del desarrollo tecnológico en una sociedad de masas.

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Biblioteca Central del Unam, ‘Representación histórica de la Cultura’ de Juan O’Gorman ©carmemix

Murales de José Clemente Orozco, Juan O’Gorman y Vlady. Otros autores también referentes e imprescindibles del Muralismo, también disponen en la capital de algunas obras referentes en su trayectoria artística: Orozco, retratista de la condición humana en forma apocalíptica, practicante del realismo expresionista, desde el mural del Palacio de Bellas Artes tal y como indiqué anteriormente, a un rincón escondido y único, el actual Hospital de Jesús, también en el Centro Histórico, edificio que mandó construir Hernán Cortés y, según las crónicas, el primer hospital de América, en servicio ininterrumpido desde hace más de 500 años. Alrededor de uno de los patios interiores ajardinados y rodeado de esbeltos arcos, en la segunda planta, Orozco ilustró el ‘Apocalipsis’, la historia de Hernán Cortés y la conquista de México. Se dice que este lugar albergó durante siglos los huesos del conquistador. Visita muy recomendable, aunque se recuerda que es un hospital en activo, inhabilitado para recibir visitas de carácter cultural y en el que se necesitan altas dosis de silencio y respeto. Juan O’Gorman, artista y arquitecto funcionalista, otro comprometido con la historia de México, gustaba de representar visiones artísticas opuestas, a modo de dualidades, que llegó a realizar uno de los murales en mosaico más genuinos y retratados del mundo, los cuatro muros de la Biblioteca Central del UNAM, la Universidad Nacional Autónoma de México, en la parte sur de Ciudad de México, el llamado ‘La Representación histórica de la cultura’, una obra singular por ser uno de los mosaicos más grandes del mundo, con paneles decorados con piedra volcánica de colores, desde lejos es tan delicada la minuciosidad del trabajo que parece un lienzo pictórico. Cada pared escenifica el pasado indígena, el pasado colonial, la dualidad de la vida y la muerte, el mundo contemporáneo y la Universidad, a modo de provocación hacia la comunidad universitaria. De gran fuerza creativa e ingeniería técnica, este mural junto con otros edificios del recinto universitario, fueron declarados Patrimonio de la Humanidad en 2007. Imprescindible y genuino. Y para terminar, otro espacio de lectura, la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada, también en el Centro Histórico, cerca de Isabel La Católica, se levanta una antigua iglesia y actual biblioteca de la Secretaría de Hacienda, también un espacio no museístico que alberga una biblioteca especializada en archivística y lugar casi exclusivo de investigadores y estudiantes. Su interior es un lugar onírico y mágico, ya que sus casi 2.000 metros cuadrados de pared están decoradas con la diáfana pintura mural de Vladimir K. Rusako, o Vlady, hijo del político anarquista Victor Serge, que huyendo del régimen stalinista, se acabó exiliando en México. Este artista criado entre las corrientes vanguardistas europeas, no llegó a adoptar en su totalidad los aspectos ideológicos nacionalistas ni la estética de la corriente muralista mexicana, pero combregó con un estilo particular de esa visión colorista mexicana y fue igual bien acogido. Quien os recibirá de fábula es Jorge, el bibliotecario, a quien le encanta platicar sobre la realidad mexicana y con el cual disfruté de una deliciosa tarde de conversación.

El muralismo fue la primera vanguardia artística no europea y es el precedente de la gran tradición de arte público que existe en México.

mexico12Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada, ‘La Revolución y los Elementos’, de Vlady ©carmemix

Arte público post-muralismo. El arte público en Ciudad de México se respira en sus calles. Una de las ciudades con más densidad de museos del mundo, destaca además por una amplia tradición en técnicas artísticas urbanas como el stencil y el graffiti, con un marcado componente social reivindicativo, los muros de la ciudad a modo de escenario, en los cuales se expone la reivindicación de lo colectivo, concienciar contra la privatización del espacio público y el arte social, es decir, la figura del artista como creador y activista social que muestra los conflictos de la sociedad en la que vive, y aporta sus habilidades para ello. Interesante destacar dos proyectos, uno ya no operativo pero relevante, con una visión contemporánea más rompedora, El Antimuseo. Este proyecto reivindica las zonas de conflicto de la ciudad como zonas de trabajo creativo para dar un giro político en su práctica artística. Con la construcción de un carrito portátil, crearon un museo portátil. El Antimuseo se centró en proyectos en el espacio público, como el del programa Centro Portátil de Arte Contemporáneo en México, 2009, que mereció una mención de honor del premio Ibermuseos 2010. Otro proyecto interesante y en activo, la comunidad de El Faro Tlahuac un espacio cultural que promueve relaciones basadas en la no violencia, que valora y celebra la diversidad cultural e ideológica como un ejercicio creativo, sin jerarquías, dando voz para ser alguien a los que no son nadie. Ciudad de México posee una amplia red de centros artísticos en barrios, los Faros, Fábricas de Artes y Oficios, así como una extensa gama de proyectos comunitarios… Quizás deberíamos aprender de ellos sobre gestión cultural pública mucho más de lo que creemos. (Continuará)

… Y para la siguiente semana, prometo empezar con un trago de pulque!😉

Más posts de la serie #MexicoUnplugged aquí

 

Un Comentario

  1. Pingback: #MexicoUnplugged: BIENVENIDOS A TERRITORIO MEX! | CARMΣMIX l'estraperlista

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