POLÍTICAS PATRIMONIALES: ‘CONTRA LA DESAFECCIÓN, ESPACIOS DE DEBATE’

Es uno de los proyectos en los que participo que más trabajo nos da y mayor satisfacciones me produce, creo que los espacios de debate siempre han sido necesarios, y más ahora que tienden a darnos gato por liebre y callamos, es bueno y excelente fomentar y no perder capacidad crítica y constructiva, crecemos y mejoramos todos, surgen ideas y se intentan hacer las cosas de otra manera, un modo simple de innovar y enriquecer el diálogo y el entorno. Estoy hablando del proyecto Cafès de Patrimoni, un espacio digital y real con el que pretendemos fomentar el debate y alimentar ese espíritu crítico vivo en el mundo del patrimonio cultural.

Este último trimestre estuvimos tratando diferentes aspectos de las políticas patrimoniales, y aunque lo intenté, no pude dejar de aportar algo más, también escribiendo sobre ello, aquí en su versión original en català en la web de Cafès y que ahora traduzco en este blog. Espero sea de vuestro interés, me encantaría saber vuestra opinión sobre el tema😉 Gràcies, companys de Cafès, com sempre un gran plaer i un enorme privilegi:

Cap avall_museu_by carmemix

POLÍTICAS PATRIMONIALES: ‘CONTRA LA DESAFECCIÓN, ESPACIOS DE DEBATE’

Después de leer durante estas últimas semanas lo que han escrito algunos compañeros sobre diferentes aspectos de las políticas patrimoniales, se me ocurre añadir a todas estas cuestiones abiertas otras observaciones que puede ayuden a hacernos comprender el por qué no podemos desentendernos de un asunto tan aparentemente pesado como es la política, y ofrecer otras propuestas para sumar más contenidos al debate:

– ¿Qué son las políticas patrimoniales y quién las hace? Parece evidente que son las normativas y leyes establecidas en un marco jurídico acordado por las competencias públicas de cada territorio, pero quizás deberíamos ser más concretos y darnos cuenta de que no estamos hablando de un ente abstracto y lejano, sinó que estamos hablando de la aplicación de medidas que afectan cotidianamente a nuestro trabajo y a nuestro entorno social: es política hacer presupuestos, seleccionar personal directivo, abrir convocatoria de plazas, decidir las políticas de precios de un museo, dar ayudas o cerrar el grifo a líneas de investigación, fomentar los estudios académicos o recortar líneas de becas, otorgar subvenciones, hacer distribuciones sectoriales en el territorio privilegiando unos espacios por encima de otros, abrir concursos y escoger proveedores, aplicar políticas de públicos, decidir las vías de financiación, la obtención de ingresos y el destino de estos recursos, decidir el traslado de piezas o la conservación de ciertas obras, elegir el contenido y la programación de las exposiciones, invertir en nuevas tecnologías y campañas de comunicación, aplicar reducciones horarias en un espacio o eliminar o multiplicar los recursos destinados a actividades complementarias… Todo esto y más es hacer políticas, por lo que nos afecta en primera persona, como profesionales y como ciudadanos. Tampoco quisiera olvidarme de los otros actores que también elaboran políticas culturales y patrimoniales: los agentes privados, las empresas que interactúan con el patrimonio y que establecen, por ejemplo, colaboraciones con el sector público mediante la creación de fundaciones, espacios culturales, en el patrocinio y el mecenazgo, en el fomento de políticas dirigidas al turismo, y el tercer actor y el más importante, la propia sociedad civil, las comunidades que se mueven para preservar espacios patrimoniales amenazados, o que fomentan la cultura popular o el asociacionismo, este patrimonio inmaterial que a menudo se nos olvida, o quienes velan por la memoria histórica o la identidad, o quienes apuestan por abrir el conocimiento… Otra vez se están haciendo políticas patrimoniales de directa afectación social. Y si hay al menos 3 actores haciendo políticas culturales y patrimoniales, y si la administración pública acordamos que debería ser el garante de nuestro patrimonio, ¿hasta donde llega su papel para proteger este bien común? ¿Y dónde situamos este concepto nuevo de museo social que ahora se nos demanda, o de retorno social de la cultura?

– ¿Cómo hacer políticas patrimoniales? ¿Cuáles deberían ser los mecanismos empleados? Si hablamos de participación empresarial, si hablamos de participación de la sociedad civil y si hablamos de la administración pública como garante, ¿cómo acoplar todas estas 3 piezas para que funcione el mecanismo y el patrimonio se sienta legitimado y reconocido como bien de interés social? (si es que todas las tres partes están de acuerdo) . Pues seguramente con la participación, tal y como sugirió M. Piñeiro en su post, y/o bajo fórmulas de colaboración más complejas como propuso J. Glarner. La participación proactiva debería ser la clave fundamental para que un sistema tan complejo como el que estamos viviendo funcione: bajo una participación política individual, bajo una militancia en entidades ciudadanas, en iniciativas culturales sin lucro, en redes, en proyectos territoriales que reporten beneficio social y económico, en empresas que creen riqueza laboral y que no perjudiquen los intereses sociales , en beneficios para el territorio y en beneficios para los ciudadanos. Se demanda una participación ciudadana prescriptiva, donde sus intervenciones marquen las directrices de la gestión de este patrimonio y donde las empresas obtengan satisfacción empresarial ofreciendo ineludiblemente beneficio social… ¡La sociedad está cambiando aceleradamente!

¿Y entonces los profesionales del patrimonio? Muchos de nosotros estamos adscritos a colegios, asociaciones profesionales, entidades que recogen en sus estatutos el reconocimiento de nuestras tareas, la intermediación ante posibles situaciones de riesgo y el enriquecimiento profesional… Pues también debería ser en estos espacios donde deberíamos insistir y exigir participación y opinión ante preocupaciones y medidas con el ente político y otros agentes, discrepar y denunciar ciertas situaciones o actuaciones que afectan a nuestro sector, en definitiva remover consciencias y proponer mecanismos y alternativas a los especialistas. Y aún podríamos hacer más, y es no olvidarnos del ciudadano que siente una gran desafección hacia las instituciones culturales, y más hacia los museos, ayudando a desacralizar la imagen de los espacios museísticos, no es incompatible la rigurosidad académica con la socialización de los espacios, no nos sirve de mucho ofrecer conocimientos si no tenemos quien los reciba y comparta, la tecnología digital le está dando la vuelta a todo, las formas de trabajar que teníamos hasta ahora se han vuelto arcaicas, por lo que, abramos el conocimiento y hagamos que la sociedad se haga suyo el museo, y nosotros profesionales propiciemos estos rincones de intercambio en nuestra dinámica laboral.

¿Y la administración pública? Pues los organismos que conforman la estructura político- administrativa de nuestra sociedad deberían velar por el interés y el bien común de su territorio, cada una dentro de su competencia y sin olvidar el territorio al que representan, en todo su conjunto, recordemos que hablamos de dinero público y de responsabilidad política y social de estos recursos, deberían proteger el patrimonio y defender toda iniciativa que tuviera retorno en beneficio social, es decir, exigir la RSC de los proyectos a los que apoya, porque seguramente, sino no hay retorno en beneficio social, en bienestar espiritual, en identidad, en inclusión social de los colectivos más frágiles, retorno educativo o formativo, entonces no tendría mucho sentido que la administración tuviera que hacer tutela alguna. Pero seguramente, lo que más debería tener en cuenta para que este todo fuera posible, es que deberíamos exigir -es una obligación ciudadana y un derecho reconocido de ‘ justicia social’- , que fomente y articule estos espacios de encuentro, de participación y debate que son fundamentales para que los 3 actores terminen entendiéndose, haya transparencia y salgan iniciativas de interés público y social; fomentar la participación transversal ciudadana de los tres agentes sociales (sector privado , sector público y ciudadanía ) en estos espacios, nos daría empuje, un diálogo permanente y fuerza y ​legitimación mútua para una mejor preservación del patrimonio y una mayor cohesión social, por lo tanto, un lugar mejor para vivir, una mejor sociedad.

Si queremos hacer cambios, si no queremos morir de inanición en un sistema cada vez más obsoleto, ahora más que nunca hagamos políticas!

imagen: ‘ Hacia abajo, museo’ , de carmemix

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