DE GESTORES CULTURALES MUNICIPALES, GRANDES ADMINISTRACIONES Y OTRAS ESPECIES

DE GESTORES CULTURALESHa sido una semana trepidante, extraña e interesante.
Tenía necesidad de bocanadas de aire fresco, de descubrimientos y de relaciones profesionales así que como todavía podía disfrutar de unas horas de formación, asistí a unas jornadas organizadas por el SDE (Servei de Desenvolupament Cultural) de la Generalitat sobre marketing cultural.

Mis compañeros eran en su mayoría profesionales del sector cultural privado, desde pequeñas editoriales, discográficas y distribuidoras, festivales de música, compañías de danza hasta management de artes escénicas y cultura/tercer sector, una mezcla que podría prometer un debate enriquecedor. Por mi parte era la única representante de una administración pública ya que el proyecto de música que coordino está organizado por un ayuntamiento. Hasta aquí todo bien.

Los ponentes empezaron a exponer sus conocimientos y a preguntarnos sobre nuestro trabajo cotidiano, la manera de elaborar nuestros planes de marketing, cómo tratábamos a nuestro producto cultural, etc. Reconozco que ya me he acostumbrado a cierta nomenclatura que se aplica en la comunicación cultural, aunque todavía me ‘chirría’ un poco eso del producto, los clientes y otras terminologías que se han adaptado a la nueva realidad de las ‘industrias’ culturales… Hasta que uno de los que dirigía el seminario habló de cómo vender una obra de teatro.

Comentó que para vender una obra, el artista o su management tenían que elaborar su plan de marketing pero que como bien nos habían indicado con anterioridad, era necesario elaborar un PM para cada uno de los mercados a los que nos dirigíamos, es decir, para vender una obra de teatro tendríamos que tener en cuenta, por un lado, a nuestro público, y por otro a los técnicos municipales que son quienes dirigen la mayoría de los teatros que hay en Catalunya… Y con toda la naturalidad del mundo comenta que cuando nos dirijamos a estos técnicos, hemos de tener presente que a ellos lo que realmente les interesa es que guste a su concejal por lo que la venta del producto irá dirigida a destacar que vendrá mucho público y que quedarán muy bien. Uno de mis compañeros aprovechó y añadió que por su experiencia hacía falta mucho arte ya que un 75% de estos técnicos rechazan las invitaciones que se les hace y no se mueven nunca de su silla… Bien, yo me quedé sin palabras, paralizada no por el terror a responder sino por lo que estaba oyendo, me costaba digerir que personas del mismo sector de la cultura tuvieran esa percepción tan negativa del gestor cultural municipal (y datos tan precisos!), una idea que encuentro injusta que se haga extensible a todo el colectivo.

Días más tarde recibimos en nuestras instalaciones a un numeroso grupo de estudiantes de gestión cultural de la UB a los que les presentamos nuestro proyecto y con quienes estuvimos debatiendo casi 3 horas, un rato muy agradable en el que tuvimos tiempo de exponer el modelo de gestión, la estructura organizativa, la política de precios del festival de música que organizamos desde la administración pública municipal para la que trabajo. Me gustó respirar su pasión, su curiosidad, su ímpetu (no dejaban de preguntar) y me divertió oír algunos planteamientos o reflexiones. Pero en un determinado momento un alumno me propuso que para mejorar algunas pequeñas limitaciones que había expuesto en la gestión organizativa, podríamos valorar crear un equipo externo, es decir, cambiar el modelo de gestión. Me hizo una cierta gracia, y como sólo podía responder a título personal, me lancé y le dije que puede, pero que creía que eso era una cuestión a tratar primero desde instancias políticas, es decir, que los políticos nos tenían que marcar la directriz a seguir, luego discutirla por la vía técnica y decidir sus pros y contras, aunque maticé que eso estaba directamente relacionado con la manera en que se quería tratar la política cultural del municipio, de la misma esencia del concepto cultura y del papel de la administración municipal en todo lo relacionado con cultura. Era evidente que con mis palabras quise dar respuesta a algo que, aunque aparentemente inocente como un cambio en la gestión organizativa -que algunos aplican y que respeto-, era en realidad un cambio en el modelo de gestión de un proyecto nacido desde la administración y sin ganas de lucrarse, es decir, percibí que quizás el concepto actividad #publica no estaba claro.

Esos dos ejemplos, pequeños aunque muy significativos, me han hecho reflexionar, bueno, me han hecho reflexionar más sobre temas que cuestionan directamente lo que es la cultura y el papel de la administración en este ámbito. Aquí van algunas, las dejo caer:

La percepción del gestor cultural municipal. Es un profesional que realiza muchas tareas, desde la relación con agentes y colectivos de ese territorio municipal, hasta la gestación de proyectos, que está obligado a estar al día de todo lo que se cuece en el sector cultural -dentro de su especialidad, si la tiene- y que además tiene una relación a menudo peliaguda con los representantes políticos que le marcan las políticas a seguir… ¿Eso quiere decir que todo lo decide el político? Pues no, el gestor ha de aprender a consensuar, aconsejar y lidiar, para eso es un profesional! ¿Y los hay que no son así? Pues claro, como en todos los ámbitos, ¿no? Pero de eso a pensar lo que algunos o muchos compañeros del sector cultural privado piensan hay una gran diferencia… ¿Existe ese abismo entre el sector público y privado en el ámbito cultural? Pues parece ser que sí, y es una lástima, uno no existe sin el otro.
La estrategia de la Generalitat. ¿Qué es cultura para el máximo representante administrativo de nuestra comunidad? ¿Cuál es su función con/para la cultura? Si se ha creado un gran departamento de Industrias Culturales en esta administración ¿quiere decir que ya se ha definido? ¿Quiere decir que no es válido? Sí claro, lo es, pero la gran administración no sólo se debe dedicar a fomentar la industria del sector, o al menos no puede perder de vista que existe esa otra GRAN parte del concepto Cultura que significa enriquecimiento, aprendizaje de valores culturales, que Cultura es un bien patrimonial común, procomún, para todos, asequible y democrático y que al no asumir su parte también como administración pública, está obligando en un porcentaje muy alto a adoptar ese papel a las administraciones locales. ¿Y no estamos hablando de dinero público? Pues repartámoslo como toca, una parte para tí sector de industria cultural y otra gran parte para la sociedad, pero ei, Gran administración, tampoco te olvides que te toca ‘sensibilizar’ a los que ayudas para que no tengan esa mala imagen de los que tienen que gestionar entre esa cultura más próxima y a pie de calle, que es la que en definitiva también consumirá la cultura de esos sectores industriales…

Es un debate largo sí, que si la administración -grande o pequeña- sólo tiene que facilitar los instrumentos que permitan al sector volar, que si tiene que tutelar a quién y hasta dónde, pero lo que no puede olvidar es que su principal papel es el de ser la otra “industria”, la de la sociedad, la de sus ciudadanos a los que debe garantizar su derecho a gozar de la cultura. Y en eso estamos metidos todos.

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